Anoche los integrantes de la Cámara y Senado en pleno aprobaron el texto de la controvertida Reforma
a la Justicia imponiendo “la legislación en nombre propio”, que hizo recordar
lo hecho por la misma corporación para la reelección presidencial en épocas
pasados.
Inmediatamente se evidenció el rechazo total de la gente a través
de las redes sociales y la academia también hizo sentir su voz de protesta.
Los congresistas trabajaron casi de espaldas a la opinión pública
y sacaron adelante una serie de artículos que les permitirá estar más
tranquilos en la eventualidad de que sean investigados o llevados a juicio, es
decir, en otras palabras se instituyó la impunidad para los congresistas. Y para
colmo, como estaba previsto aumentaron el periodo de los magistrados a de 8 a
12 y fijaron en 70 años la edad de retiro forzoso.
Pero la gota que rebosó copa fue la actitud de los
conciliadores del texto al incluir a última hora algunas iniciativas que ya estaban descartadas del escrito
original. En ese sentido se ampliaron las causales para la pérdida de
investidura y se protegieron a funcionarios que no son de elección popular como
los Secretarios de Cámara y Senado.
La realidad es que esta Reforma no consulta las expectativas populares y en
nada beneficia la justicia que necesita la ciudadanía. Lo que se hizo de forma
amañada y para lucro especial de los parlamentarios quedó tan mal hecho que lo
poquito rescatable como la utilización de abogados y notarios para descongestionar
los procesos, luce poco confiable frente
a la opinión.
También podría pensarse que la eliminación del Consejo
Superior del Judicatura y la Comisión de Acusación son puntos a favor, pero resulta
que estos son reemplazados por una comisión de tres magistrados que seguramente
no van a dar abasto con la cantidad de procesos, por ejemplo de aforados y
otros como AIS o parapolítica.
Lo cierto, es que la ciudadanía en compañía de entes
judiciales y estudiosos de la Justicia, ya preparan demandas y una contrarreforma
a consideración de la gente.
Sin embargo y mientras tanto se podría decir que algunos salieron ganando por el momento. Aparte de los congresistas, los señores que tienen procesos pendientes, ven la posibilidad de se anulen o que llegue al final por vencimiento de términos, que dadas las circunstancias, sería lo más probable.
Las altas Cortes se han pronunciado pero no han levantado su voz para pedir una revocatoria inmediata de la Reforma. Hasta ahora, podríamos decir que han guardado un prudente silencio, porque de todos modos, son 4 años más de magistratura que en el fondo les conviene.
Y el Gobierno, que aparentemente quedó debilitado frente al pueblo, tiene la oportunidad de corregir sobre la marcha o dejar que sean los hechos los que lo juzguen en el futuro.
Sin embargo y mientras tanto se podría decir que algunos salieron ganando por el momento. Aparte de los congresistas, los señores que tienen procesos pendientes, ven la posibilidad de se anulen o que llegue al final por vencimiento de términos, que dadas las circunstancias, sería lo más probable.
Las altas Cortes se han pronunciado pero no han levantado su voz para pedir una revocatoria inmediata de la Reforma. Hasta ahora, podríamos decir que han guardado un prudente silencio, porque de todos modos, son 4 años más de magistratura que en el fondo les conviene.
Y el Gobierno, que aparentemente quedó debilitado frente al pueblo, tiene la oportunidad de corregir sobre la marcha o dejar que sean los hechos los que lo juzguen en el futuro.
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