La
polarización política que vive el país hace ya varios años ha llegado hasta el punto
que al interior de las familias ya no se dirigen la palabra hermanos, primos y
hasta relaciones más íntimas como la matrimonial,
se han destruido.
“Usted es un
paraco, no pero mire quien lo dice, semejante guerrillo”. Estas son apenas unas
de las expresiones que a menudo
encontramos en las conversaciones familiares entre sus integrantes sin importar parentesco cercano o lejano y
que llevan a romper estas relaciones dejándose de hablar y evitándose en cuenta
reunión se realicen en esa casa.
Y por
supuesto los familiares no son los únicos afectados, los amigos son el
principal blanco de esta tragedia que se
incrustó en nuestra sociedad. Aquellos que durante años fueron cómplices de vida, que parecían hermanos, que
eran capaces de meter la mano al fuego por la conducta del otro, ahora
simplemente son seres lejanos que se detestan por su creencia política.
Esta
situación se convierte en una cadena donde una ofensa conduce a la otra como si
fuera una hilera de naipes que se derrumba. Cada comentario es un dardo
envenenado que se interpreta como grave afrenta personal que van involucrando a los
amigos de los amigos y más amigos y que inevitablemente se extiende hasta las
redes sociales.
Y es que en
las redes, la sociedad actual “desayuna, almuerza y come”. Este es el lugar
tecnológico donde nuestras vidas quedaron atrapadas para bien o para mal. Allí
se informan, se comunican y hasta se enamoran las personas y es muy extraño conocer a alguien que no tenga en su teléfono móvil una o varias de
estas aplicaciones.
Y entonces,
es precisamente allí donde se han trasladado todas las peleas y diferencias políticas
y para ello se utiliza el bloqueo de Facebook, Twitter o WhatsApp y con ello se
envía una de las peores y más efectivas señales de desprecio que tiene la vida
moderna; silenciar a una persona en sus redes es sinónimo aislamiento social. Esta
situación llega a ser peor a la de no llamar a un familiar o ignorar a los
antiguos amigos en las reuniones.
Esta es la
herencia que nos han dejado nuestros gobernantes y los diferentes conflictos
armados que ha sufrido nuestra sociedad
desde los históricos enfrentamientos
entre godos y cachiporros.
Pero también
es la herencia de la forma como cada uno de los protagonistas ha intentado
solucionar esta guerra, unos de izquierda y otros de derecha y ambos pegados al
extremo.
Hasta este
punto llegamos, a dividir familias por creer que son paracos o guerrillos.