miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ordóñez, reelegido al estilo aplanadora


A pesar de la abrumadora reelección del procurador, Alejandro Ordóñez anoche en el Congreso, quedó la sensación que primó más la maquinaria clientelista, traducida en el afán de los políticos para que sus cuotas en el ministerio y en otras entidades estatales no se perdieran y ellos se quedaran con las manos vacías, que realmente elegir a una persona que garantizara imparcialidad en el manejo de la destinos de la Procuraduría los siguientes cuatro años.
Y es que precisamente, en la elección en el Congreso, hubo de todo menos una sesión digna. Partidos políticos que habían anunciado su apoyo a la candidatura de Ordóñez desde hacía dos meses, cuando ni siquiera se conocía la terna, es decir a estos políticos les pareció que la única persona capacitada para el cargo era este señor, sin dar el más mínimo chance a otros representantes.
La renuncia de una ternada y las inhabilidades resueltas rápidamente para poder votar por Ordóñez, no constituyeron ningún impedimento para avanzar en la reelección que al final fue exitosa.
En el fondo, todos en el Congreso manejaban la misma teoría. La continuidad de Ordóñez estaba decidida con la complacencia de la mayoría de la clase política, frente a dos muy pobres contrincantes y con unos pocos votos en blanco en señal de rechazo. Cabe resaltar la posición de María Mercedes López, quien con su renuncia sentó un precedente ante la falta de garantías en la competencia por la Procuraduría.
Pero lo que causa una mayor controversia es el hecho de la falta de imparcialidad de Ordóñez al momento de impartir justicia.
En muchas ocasiones se ha visto a un funcionario que no acata los conceptos jurídicos, como lo ocurrido con las disposiciones de la Corte Constitucional sobre el aborto, para imponer sus convicciones religiosas, pretendiendo canalizar la aceptación de la mayoría de los colombianos.
En ese sentido falla Ordóñez, pues confunde los postulados católicos con el ordenamiento jurídico establecido y eso cuando se trata del comportamiento de un funcionario público, es inaceptable.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Silva, ¿ juego de ajedrez?


En el momento más álgido del enfrentamiento entre el expresidente Uribe y el primer mandatario Juan Manuel Santos, aparece una columna del exministro de defensa y exgerente de la Federación de Cafeteros, Gabriel Silva, en la que arremete contra su antiguo jefe y se suma a las ya muchas voces que han venido revelando la verdadera personalidad de quien que estuvo al frente de la Nación durante ochos años,
Este testimonio toma gran importancia por tratarse de un hombre cercano a Uribe quien además coordinó las Fuerzas Militares, pilar de la Seguridad Democrática de éste.
Sin embargo, por decirlo de alguna manera el gran pecado de Silva, reside en lo extemporáneo de su reacción. ¿Porqué no lo dijo antes?, ¿porqué, si no estaba de acuerdo con Uribe, fue su ministro?
Todos estos interrogantes son los que, inclusive, utiliza Uribe para desvirtuar todas las afirmaciones del exministro, a quien ahora los sectores políticos le atribuyen la jefatura del debate y enfrentamiento entre los mandos dirigentes.
Lo cierto es que no deja de ser curioso que  cuando Yair Klein  lo acusa y que además, coincide en mucho a la varios paramilitares para revelan que Uribe si sabía y además financiaba el movimiento de estos en el Magdalena Medio, entonces Silva aparece de la nada y suelta esta revelaciones.
No sería descartable que Santos, ya cansado de todas las jugadas bajas y sucias que le ha soportado a Uribe, empiece ahora a emplear sus mismos métodos y esta columna sea más una estrategia planeada que una  opinión espontánea.
De todos modos, las opiniones del exministro no hubieran tenido un mejor momento político, marcado por la coyuntura del enfrentamiento y el inicio del los diálogos de paz en La habana.

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿Guerra del centavo?

Muertes absurdas causadas por  la actitud agresiva en el momento de conducir
un vehículo de servicio público .

Resulta ridículo. Cada vez que muere una persona, hombre, mujer y en el peor  de los casos, niños pequeños e indefensos, bajo las llantas de un bus de servicio público, se apela a la desgastada frase de la guerra del centavo y con eso se culpa al sistema  de transporte y a la necesidad de llevar a casa un peso, del nuevo muerto.
Pero la verdad es que esta situación ya ha superado  esta llamada guerra por recoger y dejar pasajeros, aunque no deja de ser cierto que esto produce muchos muertos en las calles de nuestras ciudades.
El fondo del asunto va directamente al comportamiento de los choferes de bus. Estos señores han ido dejando de lado todas la normas elementales de transito y de convivencia. La actitud que muestran no la controla nadie, a las empresas dueñas de los buses no les interesa como actúan sus conductores cuando salen a las calles a trabajar.
Hay que montarse en un bus para darse cuenta qué ocurre realmente. La indolencia  en la conducción es la nota predominante, no interesa a quien se “cierra” o a qué peatón o ciclista se le asusta dejándole sonar esas potentes bocinas cuando pasan con su bus lo más cerca posible.
Importante si, implementar medidas que acaben la guerra del centavo, pero es que en eso ya llevamos no sé cuántos años y siempre es la misma historia.
Lo importante, urgente, es  bajarle a esa actitud agresiva que se tiene en el momento de manejar un vehículo de servicio público. Claro, esto aplica también para los que manejamos uno particular.