jueves, 9 de marzo de 2017

Corte Constitucional da 'portazo' al fast track y le pone límites


La Corte Constitucional le dio el primer no al Gobierno Santos en su propósito de aprobar todas las leyes por la vía rápida del fast track al negar una iniciativa y le puso límites a este mecanismo.
En diciembre de 2016, el gobierno presentó a consideración del Congreso un proyecto para que la aprobación de las leyes  que sostienen el proceso de paz con las Farc, fuera de manera rápida. A esto se le denominó fast track
La plenaria del Congreso, con los votos de la Unidad Nacional, aprobó este fast track en una sola sesión, dándole una mano al presidente Santos en su intención de evacuar lo más pronto posible todo lo relacionado con el posconflicto. Esto quiere decir que en lugar de semanas o meses, una ley o decreto serían aprobados en pocos días.
Ya han pasado varias iniciativas por la vía de este mecanismo, pero para que entren en vigencia estas leyes o decretos con fuerza de ley, se requiere el visto bueno de la Corte Constitucional, sin embargo esta alta Corte ‘tumbó’ uno de los primeros decretos que consistía en que la Agencia de Renovación del Territorio pasara a ser una dependencia de la Presidencia en lugar del Ministerio de Agricultura.
La Corte con esto le pone un tatequieto al Gobierno y especialmente a la figura del ‘fast track´ y le deja claramente estipulado que no todo se puede legislar con esta figura y además le recuerda  que se deben cumplir unos requisitos que fueron previstos en la sentencia 699 de diciembre del 2016. Allí se establece que no se pueden expedir decretos con fuerza de ley si estos no tienen "una conexidad objetiva, estricta y suficiente" con el acuerdo final.

Esto finalmente se convierte en una advertencia de los magistrados para que los proyectos que se pongan a consideración tengan realmente una relación directa en importancia con lo pactado en La Habana entre el Gobierno y las Farc.

miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Zuluaga se despide?



Oscar Iván Zuluaga, quien dirigió el Centro Democrático los últimos cuatro años y  también fue su candidato a la presidencia en las elecciones de 2014 que ganó Juan Manuel Santos, decidió aplazar su aspiración presidencial para los próximos comicios  en representación de ese grupo político.
Como se sabe, Oscar Iván Zuluaga está involucrado junto con su hijo David, en un viaje a Brasil para reunirse con el publicista Duda Mendoza, donde aparentemente se canalizaron 4, 6 millones de dólares provenientes de la empresa constructora Odebrecht y dirigidos a financiar la campaña presidencial 2014 del partido del expresidente Álvaro Uribe.
La decisión de apartarse por el momento del camino presidencial, no deja por lo menos, de sembrar seria dudas sobre la inocencia que desde un principio esgrimió ante las acusaciones de corrupción de la propia Fiscalía General de Nación.
Incluso, el mismo expresidente Uribe ha tomado distancia de Zuluaga y no ha salido a defenderlo con la vehemencia que se le conoce cuando alguien ‘toca’ algún protegido de este. Es más, Uribe ha hecho un llamado para aumentar el ramillete de precandidatos por el CD, pero se ha inclinado claramente por el senador Iván Duque.
Al parecer y ante las evidencias de la Fiscalía, Uribe ya habría dado por superada esta etapa de Zuluaga dentro del partido, aunque le queda la ‘papa caliente’ de cómo salir  de este nuevo velo de corrupción que acosa a su partido y colaboradores de sus dos gobiernos, muchos de los cuales están prófugos o en la cárcel.
También muchos coinciden que este aplazamiento según el mismo Zuluaga es la despedida por la puerta de atrás de la política, pues no se renuncia de un momento a otro a la posibilidad de dirigir la nación y máxime que hace seis años le había ganado a Santos la primera vuelta presidencial.

Por el momento y antes de las decisiones judiciales, Zuluaga no va más.

martes, 7 de marzo de 2017

Impotencia


Nada más irritante que la impotencia de un ciudadano al ver que a pesar de la denuncia ante las autoridades, los delincuentes se llevan  sus objetos personales y no se ve por ningún lado la acción eficaz de la Policía.
La percepción de inseguridad de la que se habla a diario en los noticieros, pasa rápidamente a convertirse en realidad cuando la persona es víctima de un atraco. Los  ladrones deambulan en grupo o en solitario tranquilamente por las calles donde son observados por la ciudadanía y en muchas ocasiones ante la mirada pasiva de las autoridades.
A pesar que los últimos indicadores de la encuesta anual de Percepción y Victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá  datan de finales del 2016 y muestran que la gente se siente menos insegura que en el mismo periodo del año inmediatamente anterior, es decir que de cada 10 bogotanos, 6 estaban más tranquilos, el sentimiento en las calles es otro.
Los ciudadanos sienten que la atención del Gobierno nacional se enfocó  solo en el proceso de paz y la parafernalia que significa la implementación del posconflicto y que al drama diario de los robos en Transmilenio y de la gente en la calles no le volvió a brindar la adecuada atención.
La falta de uniformados en las calles vigilando, por ejemplo, los lugares donde se presume roban más, así como la lentitud en la reacción ante un evento de estos, hacen que la sensación de protección policial sea muy baja.  
Luego del atraco,  la persona que está atormentada por la desazón por haber perdido sus pertenencias, se enfrenta a la odisea de colocar una denuncia. Si es un atraco con lesión debe ir al hospital dos o tres veces, primero a que lo curen y  luego a certificar un documento de la policía que efectivamente tiene lesiones.
Luego va a la estación policial por el documento remitido por el hospital y se dirige a la Fiscalía donde finalmente radica la denuncia. Este trámite puede llevar varios días pues no siempre están disponibles en la Estación o en el Hospital.
Cuando se trata de un robo simple la diligencia en apariencia debería ser más ágil, pero todos hemos visto en televisión las trabas a la hora de denunciar que en ocasiones llegan hasta remitir a los ciudadanos a URIs alejadas de la escena del robo.
Lo lamentable para el ciudadano es ver cómo en la mayoría de ocasiones, estas se archivan por falta de una mayor información o de una contundente acción policial.

El sentimiento es de impotencia…