martes, 3 de abril de 2018

Usted es un paraco, usted es un guerrillo



La polarización política que vive el país hace ya varios años ha llegado hasta el punto que al interior de las familias ya no se dirigen la palabra hermanos, primos y hasta relaciones más íntimas  como la matrimonial, se han destruido.  
“Usted es un paraco, no pero mire quien lo dice, semejante guerrillo”. Estas son apenas unas de las expresiones  que a menudo encontramos en las conversaciones familiares  entre sus integrantes  sin importar parentesco cercano o lejano y que llevan a romper estas relaciones dejándose de hablar y evitándose en cuenta reunión se realicen en esa casa.
Y por supuesto los familiares no son los únicos afectados, los amigos son el principal blanco de esta  tragedia que se incrustó en nuestra sociedad. Aquellos que durante años fueron  cómplices de vida, que parecían hermanos, que eran capaces de meter la mano al fuego por la conducta del otro, ahora simplemente son seres lejanos que se detestan por su creencia política.
Esta situación se convierte en una cadena donde una ofensa conduce a la otra como si fuera una hilera de naipes que se derrumba. Cada comentario es un dardo envenenado que se interpreta como grave  afrenta personal que van involucrando a los amigos de los amigos y más amigos y que inevitablemente se extiende hasta las redes sociales.
Y es que en las redes, la sociedad actual “desayuna, almuerza y come”. Este es el lugar tecnológico donde nuestras vidas quedaron atrapadas para bien o para mal. Allí se informan, se comunican y hasta se enamoran las personas  y es muy extraño  conocer a alguien que  no tenga en su teléfono móvil una o varias de estas aplicaciones.
Y entonces, es precisamente allí donde se han trasladado todas las peleas y diferencias políticas y para ello se utiliza el bloqueo de Facebook, Twitter o WhatsApp y con ello se envía una de las peores y más efectivas señales de desprecio que tiene la vida moderna; silenciar a una persona en sus redes es sinónimo aislamiento social. Esta situación llega a ser peor a la de no llamar a un familiar o ignorar a los antiguos amigos en las reuniones.
Esta es la herencia que nos han dejado nuestros gobernantes y los diferentes conflictos armados  que ha sufrido nuestra sociedad desde los históricos enfrentamientos  entre godos y cachiporros.
Pero también es la herencia de la forma como cada uno de los protagonistas ha intentado solucionar esta guerra, unos de izquierda y otros de derecha y ambos pegados al extremo.
Hasta este punto llegamos, a dividir familias por creer que son paracos o guerrillos.