domingo, 17 de junio de 2012

El regalo



Hoy me levanté temprano, es el Día del Padre. Quiero verlo esta mañana para regalarle  como todos los años alguna cosa y hacerlo sentir que siempre será mi viejo.
Entonces me fui para su casa en compañía de mi novia; de paso aprovecho y también veo a mi madre. Ya había hablado con ella acerca de lo que podría necesitar, pero yo a escondidas, he notado que una buena loción no estaría de más.
El hombre al verme se alegró por supuesto, en esta vida moderna no es mucho el tiempo que pasamos juntos, luego estuvimos charlando todos en familia, agradeció mi regalo, recordamos muchos instantes felices que nos regaló la vida y pasamos un día estupendo con almuerzo incluido.
Antes de iniciar el regreso y despedirme de todos, agradeciendo la buena comida de mamá y especialmente a Dios por mantenerlos con vida, alcancé a distinguir a papá entrando a su cuarto seguramente para guardar el regalo que su hijo le había dado en este día.
Efectivamente se dirigió a su clóset y allí en un rinconcito especial depositó mi  loción junto a otras ocho que fue recopilando, seguramente de regalos anteriores. Nunca hasta esa oportunidad me dí cuenta que le había obsequiado tantas.  
Ya en noche y en la soledad de mi apartamento, sentí como si la cotidianidad se hubiera apoderado de las visitas que le hago a mi padre especialmente en fechas como estas y me reproché por no disfrutar más a su lado y sorprenderlo en algunas ocasiones con un encuentro desprevenido. Haber pasado más días o noches como se hace con un buen amigo para hablar interminablemente de cualquier cosa o tomarnos unos tragos.
Hoy ya no está con nosotros y han pasado veinte años desde que le regalaba lociones que conseguía con mi novia el sábado en la tarde  antes de irme a rumbear. Estas finalmente las heredé yo que fui el que más le inundó el clóset con estas fragancias.
Nuevamente hoy es el Día del Padre.
Me levanté temprano porque mi hijo viene en compañía de su novia, según mi esposa, estuvieron de fiesta anoche en algún club nocturno y secretamente me dijo que había comprado un detalle.
Vamos a almorzar y pasar un día en familia como lo hacía hace algunos años con el mío. Y por la noche, en mi habitación, destaparé el regalo que me trajo.

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