Hoy me
levanté temprano, es el Día del Padre. Quiero verlo esta mañana para regalarle como todos los años alguna cosa y hacerlo
sentir que siempre será mi viejo.
Entonces me
fui para su casa en compañía de mi novia; de paso aprovecho y también veo a mi
madre. Ya había hablado con ella acerca de lo que podría necesitar, pero yo a
escondidas, he notado que una buena loción no estaría de más.
El hombre
al verme se alegró por supuesto, en esta vida moderna no es mucho el tiempo que
pasamos juntos, luego estuvimos charlando todos en familia, agradeció mi regalo,
recordamos muchos instantes felices que nos regaló la vida y pasamos un día
estupendo con almuerzo incluido.
Antes de
iniciar el regreso y despedirme de todos, agradeciendo la buena comida de mamá
y especialmente a Dios por mantenerlos con vida, alcancé a distinguir a papá
entrando a su cuarto seguramente para guardar el regalo que su hijo le había
dado en este día.
Efectivamente
se dirigió a su clóset y allí en un rinconcito especial depositó mi loción junto a otras ocho que fue recopilando,
seguramente de regalos anteriores. Nunca hasta esa oportunidad me dí cuenta que le había obsequiado tantas.
Ya en noche
y en la soledad de mi apartamento, sentí como si la cotidianidad se hubiera
apoderado de las visitas que le hago a mi padre especialmente en fechas como
estas y me reproché por no disfrutar más a su lado y sorprenderlo en algunas ocasiones
con un encuentro desprevenido. Haber pasado más días o noches como se hace con
un buen amigo para hablar interminablemente de cualquier cosa o tomarnos unos
tragos.
Hoy ya no
está con nosotros y han pasado veinte años desde que le regalaba lociones que
conseguía con mi novia el sábado en la tarde antes de irme a rumbear. Estas finalmente las
heredé yo que fui el que más le inundó el clóset con estas fragancias.
Nuevamente hoy
es el Día del Padre.
Me levanté
temprano porque mi hijo viene en compañía de su novia, según mi esposa, estuvieron
de fiesta anoche en algún club nocturno y secretamente me dijo que había
comprado un detalle.
Vamos a
almorzar y pasar un día en familia como lo hacía hace algunos años con el mío.
Y por la noche, en mi habitación, destaparé el regalo que me trajo.

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