sábado, 9 de junio de 2012

Dos historias


Protagonistas de dos historia diferentes, de clases diferentes, pero sin embargo
con un mismo triste final: la muerte.

Mientras Carlos Cárdenas es capturado para responder por el asesinato de Luis Andrés Colmenares y recluido en un patio de la cárcel Modelo de Bogotá, a pocos metros de este se encuentra Javier Velasco, sindicado de ser el autor del más brutal asesinato que se tenga noticia en los últimos tiempos. Coincidencia?, casualidad del destino? No se sabe.
Lo cierto es que el primero encarna el drama de una familia que aparentemente goza de todas la comodidades y que nunca pensó verse enfrentada a que uno de sus miembros, tal vez el preferido,  purgue una larga condena por quitarle la vida a un ser humano.
Hacía apenas unos años, Carlos estudiaba y esperaba el  futuro como algo casi asegurado. Su preocupación mayor seguramente era asistir a clases y aprobar los Quiz de las materias más “tesas”. Lo rodeaban las fiestas, novias y amigos y todo el ambiente que se vive a esa edad.
Pero llegó lo inesperado Sólo bastó una noche de rumba para que su vida, junto a la de sus compañeros, cambiara de forma radical.
El exceso en el licor en aquella fiesta de brujas, acompañado de disgustos o broncas personales y tal vez de celos desmedidos, formaron una mezcla explosiva para  terminar con la muerte de Luis Andrés, muchacho, que seguramente tampoco se habría imaginado acabar sus días de esa forma.
En otro sitio de la  ciudad y bastante tiempo después, a Rosa Elvira también le bastó una noche para que un desadaptado social la asesinara, no sin antes, causarle el mayor dolor físico que jamás ella pudiera haber sospechado.
Igual se trató seguramente, de una noche de rumba, pero lejos de los lujos y los tragos finos que acompañaron a los primeros.
En pocas horas acabaron todos sus sueños que simplemente se materializaban en  finalizar sus cursos en un modesto colegio de clase media y avanzar un poco más para sacar adelante a su pequeña hija.
Paradójico, porque mientras aquellos les sonría la vida, a esta le preocupaba cómo subsistir día adía y sin embargo ambos casos encontraron la muerte como un colofón siniestro.
A Carlos y otros compañeros les aguarda, tal vez una larga condena y con ello el fracaso de promisorias carreras universitarias y por supuesto el drama social y familiar que a ese nivel supone.
A la hija y familia de Rosa Elvira les tocará seguir luchando la vida como sea, ganándose un peso en las esquinas vendiendo cigarrillos.
Y seguramente en poco tiempo, como pasa en este país, el público y los medios se olvidarán de la historia de una mujer que fue violada, salvajemente torturada y asesinada  aparentemente por uno de sus amigos.
Todo esto pasó en una noche, pero con personajes y circunstancias diferentes. 

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