La alegría que embarga al pueblo de Colombia es enorme. El triunfo claro sobre
Uruguay y el paso a los cuartos de final en el Mundial sirvieron para
olvidarnos que en campo no estaba Luis Suárez y que su habilidad no
representaría peligro alguno para nuestra valla.
En el partido, los uruguayos trataron de imponer el juego
fuerte rallando en la mala intención. Cuadrado fue la principal víctima de las
patadas en el medio campo, pero Colombia comenzó a manejar el balón haciendo
ver al equipo Uruguayo impotente y sin variantes distintas al bloque defensivo
y al contragolpe como única medida para llegar al gol.
Gracias a este manejo constante llegó el majestuoso gol de
James-una de las mejores anotaciones del Mundial-, acabando con las ilusiones
“celestes” que en ahí en adelante parecieron erráticos a excepción del final
del encuentro cuando se fueron con todo ante del marco de Ospina. Un poco el
desorden uruguayo y la magnífica actuación de nuestro arquero evitaron una
anotación.
Pero el asunto claro del éxito de esta Selección, radica en
dos factores; uno es la llegada del señor Néstor Pékerman cambiando la
mentalidad anterior del juego defensivo y acabando con el acoso que existía
sobre el entrenador nacional para colocar a este o aquel jugador. El trabajo del cuerpo técnico ahora es más
tranquilo, tiene total libertad y el
apoyo nacional para convocar a cualquier jugador sin reclamos de periodistas o
de alguna región del país.
Pékerman llegó, por
fortuna, para cambiar todos estos factores que nos tienen en la mira de todo
el mundo como una de las selecciones más
respetables y con el juego más serio del
Mundial.
Con este panorama, difícilmente se puede creer que un
entrenador colombiano con las taras del juego defensivo que impera en nuestro
torneo local, lograra componer un equipo de esta talla y ante todo darle la
oportunidad a jugadores de escasos 19 años, como el caso de de Quintero.
Realmente sería improbable, de ahí la importancia del entrenador argentino.
El otro factor viene con la genética. Estos chicos de
escasos 20 años tienen, como nuestros hijos, un chip nuevo, diferente, ven el
mundo con sus propios ojos se lo quieren
“beber” de un solo sorbo y lo más
importante es que solo quieren ganar y nada
más.
Eso nos da más de una razón para soñar con la final de la Copa mundo… ¿Por qué no?

No hay comentarios:
Publicar un comentario