A Guillermo Asprilla lo admiraba a la distancia. Desde los
90 cuando hizo parte del grupo de colombianos que nos dieron una nueva
Constitución, se distinguió por ser un hombre serio y convencido de sus ideas,
pero ante todo, ser un luchador y constructor de paz.
Fue un hombre de izquierda. Como pocos defendió su
pensamiento de manera firme y transparente y tal vez esto le sirvió para
ganarse la enemistad política de sus adversarios, entre los que se destaca el
procurador Ordóñez.
Precisamente este último se le había adelantado y le había
decretado la muerte política por 14 años, pero a pesar de esto fue Secretario
de Gobierno y fiel amigo de Gustavo Petro en la Alcaldía Mayor de Bogotá.
Ahora que se fue a la eternidad, me da por pensar que si
estos hombres serios y comprometidos fueran la mayoría, la izquierda colombiana
tendría un espectro más amplio en la sociedad.
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