jueves, 27 de junio de 2013

El grafitero solo quería vivir



A Diego Felipe Becerra lo mató un agente de policía el 19 de agosto de 2011. En principio la noticia no tuvo mayor relevancia a no ser porque las versiones, una de la Policía y otra de los familiares y amigos, eran diametralmente opuestas.
Con sus escasos años de vida, Diego Felipe se dedicaba a  pintar grafitis y era así como se ganaba la vida. Como cualquier otro muchacho tenía expectativas y una vida plena por vivir pero el destino quiso que aquel 19 se cruzara con el patrullero de la Policía Wílmer Antonio Alarcón, quien de varios balazos acabó con su vida en un instante.
Las primeras versiones decían que el policía perseguía a Diego al sorprenderlo pintando un grafiti  y como no se detuvo utilizó su arma de dotación. Luego, otro testigo dijo que el grafitero era un malhechor y que lo había visto atracando una buseta y al coincidir con el patrullero, este le disparó en varias ocasiones. Por supuesto hablaron de que estaba armado y  que alcanzó a esconder la pistola minutos antes en unos árboles cercanos al puente de la Avenida Boyacá con 116.
Ante este panorama, Diego apareció en los medios de comunicación  como un vulgar ladrón a quien la policía ajustició casi que en defensa propia. Pero surgió lo inesperado para la institución policial; el compañero de patrullaje de Wílmer, declaró que todo era un montaje y que el grafitero había sido asesinado por la espalda.
A pesar de este esclarecedor testimonio, la Policía a partir de ese momento,  se encargó  de armar unas versiones amañadas que se han desvirtuado una a una  y que inclusive ya han desembocado en la captura de dos coroneles acusados de modificar la escena del crimen.
Pero los jueces aparecieron para dar credibilidad a los testimonios y pruebas de los familiares, es decir a los verdaderos acontecimientos de ese lejano día; Diego Felipe era simplemente un  muchacho que le encantaba garabatear las paredes con aerosoles.
En el proceso que aún sigue están involucrados altos oficiales de Policía, los patrulleros y hasta un General al que el Congreso le ha pospuesto el ascenso en dos oportunidades esperando desenlace en los juzgados.
A estas alturas y después de casi dos años, la familia ha tenido que soportar un largo juicio con todas presiones de la institución policial, que no es poca cosa aguantar y sin embargo van saliendo victoriosos y dejando en alto la memoria de su hijo.
Pero lo importante de esta historia, que pudo quedar archivada en cualquier comisaria de barrio bogotano, es ver como la incertidumbre ronda a los ciudadanos en el momento de verse involucrados con las autoridades de policía. Basta con ver el caso de Diego Felipe que puede ser el caso de cualquiera que tenga el infortunio de cruzarse con personas uniformadas de policía que no tienen el menor respeto por los valores de la institución.
Hoy el grafitero está muerto. Sus dibujos y sus ganas de vivir se fueron porque  alguien decidió que así fuera. Su padre y su madre siguen luchando, simplemente porque Diego Felipe se lo merece.

2 comentarios:

  1. Un excelente relato de los hechos. El dolor y el desgaste dela familia, para esclarecer los hechos no tienen parangon. y El gobierno aun guarda silencio. los altos mandos aun con su silencio complice envian a los involucrados como agregados militares a Londres, Tegucigalpa, tratan de ascender al General Patiño. Quien esta premiando y protegiendo a estos altos oficiales?

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    1. Gracias Gustavo, solo trate de transmitir la indignación que produce esta historia y además porque creo que todos en el fondo conocemos a un Diego Felipe.

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