sábado, 15 de junio de 2013

Triste historia de Arias: de todopoderoso a preso por desviar dineros públicos

 
Andrés Felipe Arias estaba preso en el Canton Norte de Bogotá por desviar fondos públicos del prgrama Ago Ingreso Seguro que dada auxilios a los agricultores y que este aprovechó para repartirlos entre algunas prestantes familias.

Andrés Felipe Arias recobró su  libertad después de casi dos años de estar detenido en el Cantón Norte de Bogotá, guarnición militar dedicada entre otras cosas a cuidar a políticos, magistrados y personajes oscuros que han traspasado la línea de la ley,  mientras afrontan su proceso penal y llega el momento del juicio.
En este sitio rodeado de militares que le llaman “señor” y alejado de las sórdidas celdas de las cárceles comunes donde se mata por un pequeño lugar para dormir, se gastó los días el exministro de agricultura del gobierno Uribe acusado de entregar auxilios para riego a familias prestantes  de la alta sociedad costeña y fraccionar las fincas para aumentar dichos auxilios.
Toda esa estrategia que poco a poco montó Arias con ese regalo dinero a quienes no lo necesitaban y con préstamos a reinas de belleza que nada sabían de agricultura ni de riego, estaba encaminada a  consolidarlo como el sucesor en la Presidencia de la República en caso que Álvaro Uribe no se lanzara a su segunda reelección.
Entonces el camino estaba abonado y con el apoyo del programa Familias en Acción que hábilmente Uribe había trabajado durante ocho años, estaba asegurado un delfín leal que prometía no desviar el rumbo de la Seguridad Democrática.
Sin  embargo, Arias no logró ni siquiera ganar la consulta interna del Partido conservador y con ello la candidatura de la primera magistratura se fue al traste. En ese momento, dada la coyuntura política, surgió el nombre de Juan Manuel Santos por quien se la jugó Uribe y a la postre ganó por una abrumadora mayoría.
Luego de estos hechos, el nombre de Andrés Felipe Arias comenzó a perder peso y de traspié en traspié llegaron las denuncias de la desviación en los fondos del ministerio, hasta culminar con la acusación formal de la Fiscalía y la captura con lo cual se daba por finalizada su carrera política.
Es indudable la culpabilidad del exministro en estos desvíos de fondos públicos pues hasta varios de los implicados, la familia Dávila, aceptaron los cargos y están en proceso de negociación, inclusive los amigos más cercanos en el ministerio, uno a uno, fueron revelando datos que lo implican como la persona que ideó el plan.
Pero en el caso Arias la justicia ha fallado en varios aspectos. En principio se mostró firme con la decisión de no otorgarle la libertad en cuatro tres oportunidades, bajo la tesis de considerarlo un personaje que podría afectar los testimonios de los testigos debido a su influencia en el mundo político y en segundo lugar contemplar la posibilidad de verlo asilado en alguna embajada como ha ocurrido con otros funcionarios del anterior gobierno.
Ahora parece que La magistrada del Tribunal Superior de Bogotá, Patricia Rodríguez, tomó en consideración otros aspectos, tal vez familiares, para dejarlo en libertad a pesar que las primera razones no han  cambiado. Arias sigue siendo un  hombre influyente y puede afectar el proceso desde la calle.
Pero lo que más ha confundido a la opinión pública es la demora en el llamamiento a juicio que ha hecho pensar en una politización de todo el proceso, cuando lo que realmente pasa es la clásica lentitud en los juzgados de nuestro país.
Si Arias es culpable, como todas las pruebas hasta ahora lo indican, pues que los jueces “se pongan las pilas” y lo enjuicien en un debido un ágil proceso y no sigan dando palos de ciego en este y otras casos que van a cumplir años engavetados en los tribunales.

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