jueves, 5 de julio de 2012

El internet y el San Pedro


Sólo frio y planicie, es lo que se encuentra en Suesca, Cundinamarca. Al fondo las grandes montañas llamadas la Rocas de Suesca. 

Ir a Suesca en el puente de San Pedro Y San Juan?
Ni de fundas!! Respondí con autoridad y firme en mi posición frente a la posibilidad de tener un paseo diferente con piscina, sol y una que otra cervecita. Además, pensé que iba a ser seguido por mis hijas, pues estaba seguro de haberles inculcado el buen criterio.
Ellas también querían un sitio donde se respirara a tierra caliente, donde se pudieran comer un helado fuera de Bogotá, pero sin  lluvia ni días grises. Nadie mejor que yo las comprendía. Estaban cansadas de la rutina asfixiante del colegio, todos los días lo mismo.
Así que la elección entre el bello Tolima y la planicie cundinamarqués para nada era difícil. Nos vamos para San Pedro!!
Empecé entonces a planear mentalmente la salida; deberíamos tomar la Avenida Boyacá y luego empalmar con la autopista sur desembocando en un trancón impresionante. Carros y carros tratando de salir desesperadamente de la capital para hacer lo mismo que nosotros; descansar, tomar el sol y la anhelada cerveza.
Llegando a Soacha, la principal lucha iba a ser contra las flotas y ahí, de lo que se trataba era llegar vivos siquiera a Silvania. Ya después en Melgar y Girardot el panorama  no iba a cambiar hasta vislumbrar al primer pueblito que tuviera papayera y cantara el sanjuanero.
Como todo lo que había armado en mi cabeza sonaba a “sufrir” una salida con mi familia, decidí rápidamente cambiar el rumbo y reconsiderar la idea del camping en tierra fría por la autopista norte, más desocupada especialmente aquel sábado cuando la mayoría salían para el sur.
Así que después de algo más de una hora estábamos llegando a un pueblito de calles angostas y pedregosas, con unas enormes montañas en piedra y un frio intenso. Estábamos en plena meseta cundiboyacense!!
Con la armada de la carpa, que es una entretención mayúscula, empezamos tres días de  verdadero descanso entre amigos, en una tierra llena de historia donde habitaron los Muiscas. Al principio, no lo puedo negar,  todos con recelo, mis hijas miraban alrededor y seguramente pensaban en el frio que nos esperaba en la noche.
Sin embargo las cosas empezaron a mejorar con una sola ida al pueblo. Allí nos encontramos de “golpe” con todo el deporte extremo que estas rocas antiguas le brindan al visitante; escalada, rápidos en el río, cuatrimotos en el bosque y otros nos menos atractivos.
Armar la carpa es uno de los mejores programas.

Solamente con mencionar estos planes, a mis hijas se les aceleró el corazón y más con la expectativa de dormir en una carpa bajo la luz de la luna. Todo fue pasando lentamente, ellas consiguieron sus amigas y nosotros los nuestros.
Ya en la noche, que iba siendo más madura,  no tenía una sola noticia del resto del  mundo; no sabía cómo habían quedado los partidos de fútbol, ni de la suerte de Santos, ni de las Cortes, ni mucho menos de Uribe. No teníamos ni idea qué estaba pasando en el exterior.
Lo único que se escuchaba a lo lejos, una era una música tal vez de un radio pequeño en la casucha del capataz, que por cierto, tampoco tenía televisor, de manera que no sabíamos ni siquiera de Sábados Felices ni de Duro contra muro, ni de las películas…
Pero lo más fantástico. No había internet!!

Una de las atracciones infaltables es la escalada a las montañas,
además porque hasta los niños la practican.

Entonces, no tenían sentido los blackberrys, ni el twitter ni elfacebook, parecía como si la vida se hubiera devuelto a los tiempo de los paseos de olla en los que de verdad no existían ninguno de estos adelantos de la tecnología moderna.
De esa forma acabamos aquella jornada entre uno que otro traguito de ron,  por supuesto cubano. Y al día siguiente, con las caminatas a los sitios sagrados de los indígenas y las escaladas  a la montaña nos fuimos gastando las horas del domingo, sin olvidar la carne en el asador que nos que quedaba por montones.
En fin, así se pasaron los tres días en el frio y alejados de ruido y sufrimiento que nos produce el agite diario de esta vida que nos tocó vivir.
Viaje sorpresivo, que indudablemente algún día repetiremos.

Esta es una muestra de los innumerables pictogramas de los Muiscas restaurados
 que se encuetran en la zona.

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