domingo, 13 de mayo de 2012

Qué infancia más bacana


Así fue mi niñez. No tuve Blackberry, ni Wii, ni Play Station, ni Xbox, yo jugaba al escondite, al stop, a la lleva, congelados, ponchados, al laso, yermis, metras, al yoyo, al trompo….

La hora de irme a casa era cuando oscurecía y mi mamá no me llamaba al celular sino gritaba; se vienen pa` la casa yaaaa carajo!.. o voy y los traigo!!!!Cuando me portaba mal no me ponían psicólogo sino que me daban chancleta o correa, o con cualquier otro objeto a la mano.Jugaba con mis amigos en vez de chatear, no existía ni el gel, ni el antibacterial y jugábamos con tierra.  ¡Qué infancia más bacana!Difunde este mensaje si eres de mi generacion y si tomaste agua de una manguera y aun así sobrevives...




Este parrafo fue tomado de internet, tal vez es originario de México, pero se adapta perfectamente a lo que vivimos en nuestra infancia a todos los que como yo en los 70s y 80s estábamos caminando por ahí.

En el barrio pasaba algo similar, los días se iban jugando en la cuadra, unas calles amarillentas de  polvo que con el tiempo fueron pavimentando pero al principio estaban llenas de huecos laterales inmensos (podíamos caber de pie). Entonces cuando quedaron listas, nos la pasábamos jugando fútbol, especialmente en las noches.


Claro antes de esto jugábamos cualquier cosa. Alguien, de pronto uno de los mayores, trajo el  juego del “tarro” que no era más que las escondidas pero con un tarro de metal o una pelota vieja a la pateábamos cuando nos daba “papaya” el que cuidaba y ahí volvía a empezar todo. Nuevamente a esconderse. 
¡Qué infancia más bacana!

Eso podía durar horas y horas, no nos daba ni hambre ni sed, hasta que alguna mamá (Doña Azucena, doña Sofía o doña Susana, María, Hortensia, Lola, Fabiola, Ana en fin cualquiera…) salía a la puerta que prácticamente era la calle y gritaba; se vienen pa` la casa yaaaa carajo!.. o voy y los traigo!!!!. Era casi exacto todos los días.

Esa voz sonaba como un trueno así hablaran bajo. Retumbaba en las noches y nadie se atrevía siquiera a contradecir, claro en voz alta, porque se uno iba para la casa maldiciendo pasito. Pero no había forma de negarse. Yo trataba de echarle la pelota al otro; hermano esa es su mamá y le respondían noooooooo, si es la suya, pero igual la tarde ya se  había ido y los juegos también. Nos íbamos para la casa. 
¡Qué infancia más bacana!
Las mamás de uno.Esas señoras en ese tiempo eran como diosas. Nadie iba contra ellas, lo que dijeran se hacía, también los papás, ahí callados obedecían.

Eran fuertes, lo hacían todo; el almuerzo, la ropa, las tareas, los regaños, las recogidas del colegio, claro como estaban todo el día en la casa, uno siempre acudía a ellas  en busca de ayuda y ellas hacían lo imposible por solucionar cualquier tema.

Y en verdad era difícil, no existía nada de tecnología, a duras penas el teléfono, pero ellas encontraban la forma, llamaban a las vecinas y entre charla y charla, nos  enterábamos de quien era el presidente de Estados Unidos o de Francia para la tarea del otro día.

Entonces no hacían falta los celulares ni los blacberrys para que ellas pudieran hacer bien su trabajo  y si los hubieran tenido seguramente habrían actuado de la misma forma, a la misma hora y con la misma disciplina nos habrían entrado a la casa.




Eran los tiempos de mamás, de hacer tareas y jugar todo el día con los hermanos o con los amigos, no había ninguna otra preocupación y siempre, sin ninguna excepción estaba una señora, que nos ayudaría a pasar la infancia más bacana que hubieramos podido disfrutar. Se trataba nuestra mamá.

Por eso en este día queremos darle las gracias y hacer un pequeño homenaje a ese ser maravilloso que hizo todo para que esto fuera posible.
GRACIAS POR TODO


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