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| Álvaro Uribe ha resueltó atacar a su antiguo amigo y copartidario, al que ayudó a llegar al poder |
La estrategia de resaltar todas las noticias
negativas ocurridas en el país, que ha desplegado el ex presidente Álvaro Uribe
utilizando el twitter y las entrevistas surgidas de un “día para otro”,
inclusive en varios países latinoamericanos, deja ver claramente que se trata
de crear la percepción de retroceso en todas las políticas de seguridad desde
que éste dejara la presidencia.
Extraña y desconocida faceta de emprender este
feroz ataque, no sólo al gobierno
Santos, sino a todas las demás instituciones afectadas por los trinos y
declaraciones de Uribe. Caso concreto el del ejército Nacional al que
recientemente acusó de falta de
compromiso para combatir la subversión.
Para esto no escatima oportunidad de publicar
en la red referencias a posibles ataques
guerrilleros o incrementos de la violencia urbana en alguna región nacional o
localidad de Bogotá. También utiliza a todos sus correligionarios que le envían información o se prestan de plataforma
para que sus “dardos” lleguen a su destino, y pasa casi todo el día utilizando el twitter
como “elemento” de trabajo preferido.
Esta posición, que para muchos es
desconcertante, pues históricamente no ha pasado nada igual en Colombia en muchos años, le ha valido el reproche de varios sectores de la actividad nacional e
inclusive internacional, incluyendo por supuesto a los medios de comunicación
Pero lo que más ha sorprendido es verlo
aprovechando estas situaciones en pro de una mal llamada oposición, que
realmente de eso no tiene nada. Los opositores tienen un perfil diferente,
critican con bases en las estructuras económicas y políticas de los gobiernos de turno, pero hasta el momento lo
que se presenta es la inconformidad de un sector decididamente direccionado a
destruir sin construir nada.
Además hay que recordar que el gobernante
elegido para los cuatros años en curso es Santos, no Uribe, evidenciando este
último una viudez del poder que lo ha llevado a creer que aún tiene las
facultades para dar órdenes y esperar que alguien las cumpla.
Muchos de los que habían apostado a que el
destino de Uribe luego de las elecciones de 2010, iba a ser la cátedra
universitaria o las estrados judiciales tratando de defenderse las de la
distintas acusaciones de ONG, inclusive de la Corte Penal Internacional, pues
se equivocaron; pasó rápidamente a un plano de confrontación que no se sabe
cuándo ni a donde irá a parar.

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