| Su hermana Camila, compañera inseparable. |
Por supuesto, se encontraba Gustavo en una habitación interior. De todos modos amable, también nos saludo cuando se lo permitió el noticiero de la tele que estaba viendo.
La hermana, Camila, feliz y orgullosa de su hermanita sin descuidarla un instante, al lado su primo, Camilo, acabado de llegar de Manizales y por lo tanto desperdiciando alegría por todos lados. Luego, mis hijas, Laura y María Paula, la primera un poco callada se sentó con sus primos y empezaron a intercambiar frases y nombres de canciones lógicamente modernas, y la otra, un mar de energía se fue a gastarla adentro pues no había quien le siguiera el ritmo, es decir un pequeño de la misma edad.
Lo cierto, es que estábamos esperando celebrarle los quince años a Valentina y para sorpresa de ella, se había contratado una serenata con mariachis amigos, seguramente de Martha Cecilia, prima muy allegada a eventos musicales.
El tiempo de espera pasó rápido y cuando sonaron las trompetas, tengo que decir que tal vez no fue lo más apropiado para ella, la niña quedó sorprendida y un sonrojo apareció en sus mejillas buscando con su mirada entre todos nosotros a quien le iban a dedicar las canciones.
Su alegría fue mayor con la llegada de unos señores vestidos con trajes de colores ajustados y con grandes sombreros que empezaron a entonar el happy birthday to you al estilo mexicano pero que todos conocemos y por eso términamos en el mismo coro, y, seguramente en ese momento se dio cuenta que toda la fiesta era para ella como homenaje a sus quince.
La verdad lo asumió rápidamente, pasó de la extrañeza al protagonismo, ya pedía canciones y además las cantaba con los mariachis, se reía y nos observaba a todos. Tal vez pidió para ella una o dos canciones, no lo recuerdo, pero se le notaba feliz al lado de su hermana y rodeada de su madre y padre, quienes también satisfechos sonreían.
No se puede negar, fue un momento sensible, entrañable, recordar cómo ya pasaron quince años llenos de dificultades pero también de alegrías, cuando apenas era una niña indefensa que se convertía en todo un reto para el futuro y para sus padres.
| El orgullo de ser padres |
Pero no importaron el tiempo y los obstáculos, siempre estuvieron allí, colocándole el sello a la vida como corresponde, y sacando adelante a esta pequeña llena de ternura y alegría.
Así fue.
Así fue.
Para cuando acabó la música, el ponqué ya iba por la mitad, por supuesto Valentina encabezaba el ataque feroz a la pobre torta. Ella misma se encargó de ordenar a quienes servir primero o quienes merecían repetir, y entonces en medio de las fotos de cámaras y blackberrys, se le ocurrió a ella, rifar los chocolates que había recibido de cumpleaños. Fue una rifa curiosa, llena de risas en donde ella misma decidía los ganadores simplemente porque le caían bien o mal, y por esa razón varias tías se vieron perjudicadas y otros, por supuesto, de mejor preferencia recibieron hasta dos o tres chocolates. Esto se convirtió en el show de la noche, se vio muy divertido con las ocurrencias, chistes y burlas que se hicieron y que la convirtieron en el eje de la fiesta. Siempre le ha gustado organizar y sentirse importante para toda la familia y sus amigos.
Valentina es una niña especial que sufre Síndrome de Down, pero la persona que la conozca verá todas la cualidades de un ser normal y eso es lo que trata de hacer todos los días.
Y tal vez, para los padres, fueron muchas la noches de angustia y desespero, llevándola a un sitio o a otro, pero el resultado estaba presente con esa enorme sonrisa que hacia olvidar todo y reafirmar, que todo valió la pena.
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