sábado, 21 de abril de 2012

Me gustaría ver un Papa…


Benedicto XVI a su llegada a México



Dos itinerarios distintos. Mientras Hugo Chávez llega a Cuba para continuar con su tratamiento contra el cáncer y en esta oportunidad, comenzar una serie de  sesiones de radioterapia, el Papa Benedicto XVI lo hace para llevarle al pueblo cubano un mensaje de ánimo, esperanza y reconciliación, según la agenda trazada por el Vaticano.
El primero visita otra vez la isla en busca de la solución que le devuelva la tranquilidad y la salud perdida tras el diagnóstico de cáncer que solamente él sabe donde se aloja y qué otras derivaciones tiene.  Porque, hay que decirlo, la tragedia de Chávez se convirtió en un debate político, en el interior y exterior de Venezuela con miras a las elecciones presidenciales de octubre próximo.
El Papa por su lado, ajeno a la situación de Chávez, arriba después de 14 años que lo hiciera su predecesor Juan Pablo II a un país cada vez más acorralado por los bloqueos internacionales y sus propias condiciones de pobreza.
Después de su estadía en México donde también llevó mensajes similares de reconciliación, una  nación que como la colombiana, ha sufrido el azote del narcotráfico, ya es hora de ver a los Papas más comprometidos con la verdadera situación social de nuestros pueblos. No basta con visitas y mensajes, que aun que son importantes, tienen que mirar el problema de fondo y este radica en la educación.
Desde luego a México, Colombia y otros países  les llega la ola criminal del tráfico de drogas porque son terrenos abonados por el analfabetismo y la falta de cultura.  La plata fácil y rápida es mirada por nuestros compatriotas como una solución inmediata a los problemas sociales, porque en parte, no existen estrategias educativas  a largo plazo  de parte de nuestros gobernantes.
Basta ver cómo los presupuestos se agotan cuando de construir escuelas y colegios se trata. Porque a la educación se le mira como un capital intangible que a la hora de los balances no da los votos, que sí daría otras obras de concreto que encontramos en las ciudades.
Entonces mirando estas visitas desde otra perspectiva, las exigencias deben acercarse al verdadero e ineludible compromiso social, entendido este, como una elevada formación educativa de las gentes de esta parte del mundo, para una real comunión con el Dios  del Papa que es el mismo Dios nuestro.
Tal vez  con escribir estas líneas no se logre mayor cosa, pero no hay que perder el horizonte de las verdaderas causas de nuestros problemas. Por esta razón me gustaría ver a un Papa más comprometido…
Espero que después de las visitas, los dos logren solucionar la mayor parte de sus problemas

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