![]() |
| Benedicto XVI a su llegada a México |
Dos itinerarios distintos. Mientras Hugo Chávez llega a
Cuba para continuar con su tratamiento contra el cáncer y en esta oportunidad,
comenzar una serie de sesiones de
radioterapia, el Papa Benedicto XVI lo hace para llevarle al pueblo cubano un
mensaje de ánimo, esperanza y reconciliación, según la agenda trazada por el
Vaticano.
El primero visita otra vez la isla en busca de la solución
que le devuelva la tranquilidad y la salud perdida tras el diagnóstico de
cáncer que solamente él sabe donde se aloja y qué otras derivaciones
tiene. Porque, hay que decirlo, la
tragedia de Chávez se convirtió en un debate político, en el interior y
exterior de Venezuela con miras a las elecciones presidenciales de octubre
próximo.
El Papa por su lado, ajeno a la situación de Chávez, arriba
después de 14 años que lo hiciera su predecesor Juan Pablo II a un país cada
vez más acorralado por los bloqueos internacionales y sus propias condiciones
de pobreza.
Después de su estadía en México donde también llevó mensajes
similares de reconciliación, una nación
que como la colombiana, ha sufrido el azote del narcotráfico, ya es hora de ver
a los Papas más comprometidos con la verdadera situación social de nuestros
pueblos. No basta con visitas y mensajes, que aun que son importantes, tienen
que mirar el problema de fondo y este radica en la educación.
Desde luego a México, Colombia y otros países les llega la ola criminal del tráfico de
drogas porque son terrenos abonados por el analfabetismo y la falta de cultura.
La plata fácil y rápida es mirada por
nuestros compatriotas como una solución inmediata a los problemas sociales,
porque en parte, no existen estrategias educativas a largo plazo
de parte de nuestros gobernantes.
Basta ver cómo los presupuestos se agotan cuando de
construir escuelas y colegios se trata. Porque a la educación se le mira como
un capital intangible que a la hora de los balances no da los votos, que sí
daría otras obras de concreto que encontramos en las ciudades.
Entonces mirando estas visitas desde otra perspectiva, las
exigencias deben acercarse al verdadero e ineludible compromiso social,
entendido este, como una elevada formación educativa de las gentes de esta
parte del mundo, para una real comunión con el Dios del Papa que es el mismo Dios nuestro.
Tal vez con escribir
estas líneas no se logre mayor cosa, pero no hay que perder el horizonte de las
verdaderas causas de nuestros problemas. Por esta razón me gustaría ver a un
Papa más comprometido…
Espero que después de las visitas, los dos logren solucionar
la mayor parte de sus problemas

No hay comentarios:
Publicar un comentario