martes, 10 de diciembre de 2013

Decisiones de Procuraduría, de la mano del vaivén religioso y político de Ordóñez



El procurador General de la Nación Alejandro Ordóñez destituyó e inhabilitó  por 15 años al alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro,  basándose en tres argumentos; el sistema de aseo implementado en diciembre pasado,  el aparente bloqueo a la libre competencia y la exposición del público a las basuras en la calle.
En su justificación, Ordóñez  califica estas faltas como gravísimas colocándolas a la altura de otros delitos, estos sí graves, como por ejemplo robarse la plata de la salud de la ciudad o desviar los fondos  de la malla vial, que finalmente es dinero de los impuestos; es decir, robar al pueblo.
En estos eventos ingratamente conocidos  como el “Carrusel de Bogotá”, los afectados por decisiones de la Procuraduría son pocos. En especial llama la atención el caso de Samuel  Moreno, anterior Alcalde, quien apenas fue suspendido por dos meses  y que luego se comprobó su conspiración en una empresa criminal dedicada a saquear  a Bogotá a través  del fraude  en contratos de todo tipo.
Y de los concejales de Distrito ni hablar. Muchos de ellos, pertenecientes a los grandes partidos políticos que reeligieron  a Ordóñez en su cargo por cuatro años más, han  pasado victoriosos y no ha sufrido en todo su esplendor los rigores de las sentencias  de La Procuraduría.
Y así como estos, otros tantos personajes afines a sus predilecciones políticas o religiosas se han  visto beneficiados con sus decisiones. Basta ver la lista de absoluciones  de políticos cercanos a Ordóñez e impulsores de  paramilitares, quienes a pesar de ser condenados por la Fiscalía o tener procesos abiertos, recibieron la bendición del Procurador (ver foto)
Es tal la desproporción del fallo y en especial el tiempo de inhabilidad que a poco de conocerse la noticia, esta pasó casi a un segundo plano y lo que ocupó la atención  de la sociedad en general fue desequilibrio  de la sentencia, la cual no se compadeció  con las fallas administrativas que se adujeron desde el  ente fiscalizador.
Ante este panorama fueron  muchas las voces en defensa del Alcalde  Mayor. Otras, por supuesto, en contra de este, pero  lo más criticado sin duda alguna, fue la falta de coherencia  para emitir una condena tan drástica, teniendo en cuenta que otros  señores, estos sí, criminales avezados, pasaron inadvertidos

Así que al  final, lo que se puso en entredicho fue la institucionalidad de la Procuraduría General en razón que las sentencias emitidas  van de la mano del vaivén político, cultural o religioso del señor que se encuentra al frente de entidad Nacional. 

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