jueves, 26 de septiembre de 2013

Violencia en el fútbol, mezcla de fanatismo y regionalismo

Estas escenas ya son comunes entre los aficionados al fútbol

Atribuir los graves hechos de violencia que han sacudido el mundo del futbol a este deporte, no sería justo ni con los aficionados que llenan los estadios ni con nuestra historia. El fútbol es un deporte de contacto que genera rivalidad, no solo en sus jugadores, sino en sus seguidores y a la pasión que despierta no le importa el color de la piel, ni la edad ni las clases sociales de quienes creen morir en cada partido que gana o pierde su amado equipo.
Los acontecimientos en que han  muerto aficionados o familiares de estos, se han producido por enfrentamientos entre jóvenes  que por diferentes circunstancias sociales están ligados con actividades violentas, pero casi siempre se han registrado por fuera de los estadios. Este motivo ha llevado a dudar que los homicidios se produzcan a causa de este deporte, sin embargo la realidad nos muestra otra cosa; los inculpados siempre están bajo al amparo de una camiseta que identifica algún equipo.
Que unos desadaptados asesinen a un hincha fuera de alguna instalación futbolera, no exonera al fútbol de ser la causa, pero si por lo menos es un referente. El  gusto y la pasión por esta disciplina en ocasiones, desmedidas, son el origen para las agresiones entre las barras.  Si a esto le sumamos el ingrediente social histórico de más de 100 años de polarización política y casi 50 de violencia en todos los géneros, encontraremos el clima propicio para estos actos vandálicos.
Basta retroceder en la historia para ver cómo, casi todos los muertos del siglo pasado eran consecuencia del enfrentamiento entre los partidos políticos, donde el color azul y rojo jugaba un papel determinante en las masacres. En otras palabras, en esa época la gente también se mataba por un color, pero no por el color deportivo. Casi al mismo tiempo, el campeonato ya se asomaba tímidamente y en las graderías empezaban a crecer las hinchadas, pero el fenómeno que tenemos hoy de asesinar hinchas en las calles, no se presentaba.
Luego, los muertos los colocó la violencia guerrillera y paramilitar que ha azotado a nuestro país por décadas, eso sin contar el desenfreno narcotraficante de Pablo Escobar y toda la estela de “traquetos” que le siguieron luego de su muerte, que aunque estuvieron ligados de alguna manera a este deporte, tampoco es lógico afirmar que estas muertes tiene relación con el fútbol. El narcotráfico lo que hizo fue desestabilizar la economía de los equipos, situación que impactó en los aficionados para acrecentar más la rivalidad entre aficionados.
Entonces, aunque el color de una ideología política o de una escuadra de fútbol, ha estado unido a nuestra historia violenta, no es un factor exclusivo para asesinar una persona. Sería ingenuo pensar que un verde mate un rojo o un azul  impulsado solo por esta causa. El ambiente de crisis social que viven nuestras sociedades modernas contribuye en gran medida a ser el caldo de cultivo entre los muchachos que toman como excusa el fútbol para atacar a sus contrincantes.

Regionalismo

Este fenómeno de rivalidad entre las diferentes regiones del país es de vieja data y obedece más a los aspectos culturales propios y con los cuales nos fuimos distinguiendo internamente. Aunque el regionalismo es una característica de todos los países que ha llevado, inclusive, a guerras intestinas desangrando y acabando estas naciones, Colombia no es la excepción y en gran medida este factor ha sido aprovechado por los fanáticos del fútbol para llenarse de razones y así odiar aún más a los aficionados del equipo rival.
En ese sentido, la mezcla del regionalismo, del equipo contrario y del color de la camiseta, crean una especie de ser único contra quien descargar toda su ira.
Como vemos, no se trata de hechos aislados de muchachos que por casualidad se enfrentan en riñas callejeras por divergencia futbolísticas. Es un problema que nos involucra a todos como sociedad, que tiene en cuenta a nuestra historia de violencia política y a nuestras raíces culturales y la solución debe partir desde también desde estas mismas causas.
Por supuesto que el fútbol está ligado a la violencia, y por supuesto que estos muertos se le atribuyen directamente a esta pasión desenfrenada, pero no es el único culpable. Este problema debe tratarse en conjunto teniendo en cuenta estas variables que desestabilizan nuestro país.

Cerrar estadios o aplazar partidos pueden ser paliativos para conjurar una crisis, pero no se podría entender como soluciones de fondo.

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