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| Estas escenas ya son comunes entre los aficionados al fútbol |
Atribuir los graves hechos de violencia que han sacudido el
mundo del futbol a este deporte, no sería justo ni con los aficionados que
llenan los estadios ni con nuestra historia. El fútbol es un deporte de
contacto que genera rivalidad, no solo en sus jugadores, sino en sus seguidores
y a la pasión que despierta no le importa el color de la piel, ni la edad ni las
clases sociales de quienes creen morir en cada partido que gana o pierde su
amado equipo.
Los acontecimientos en que han muerto aficionados o familiares de estos, se
han producido por enfrentamientos entre jóvenes
que por diferentes circunstancias sociales están ligados con actividades
violentas, pero casi siempre se han registrado por fuera de los estadios. Este
motivo ha llevado a dudar que los homicidios se produzcan a causa de este
deporte, sin embargo la realidad nos muestra otra cosa; los inculpados siempre están
bajo al amparo de una camiseta que identifica algún equipo.
Que unos desadaptados asesinen a un hincha fuera de alguna
instalación futbolera, no exonera al fútbol de ser la causa, pero si por lo
menos es un referente. El gusto y la
pasión por esta disciplina en ocasiones, desmedidas, son el origen para las
agresiones entre las barras. Si a esto
le sumamos el ingrediente social histórico de más de 100 años de polarización política
y casi 50 de violencia en todos los géneros, encontraremos el clima propicio
para estos actos vandálicos.
Basta retroceder en la historia para ver cómo, casi todos los
muertos del siglo pasado eran consecuencia del enfrentamiento entre los
partidos políticos, donde el color azul y rojo jugaba un papel determinante en
las masacres. En otras palabras, en esa época la gente también se mataba por un
color, pero no por el color deportivo. Casi al mismo tiempo, el campeonato ya
se asomaba tímidamente y en las graderías empezaban a crecer las hinchadas,
pero el fenómeno que tenemos hoy de asesinar hinchas en las calles, no se
presentaba.
Luego, los muertos los colocó la violencia guerrillera y
paramilitar que ha azotado a nuestro país por décadas, eso sin contar el
desenfreno narcotraficante de Pablo Escobar y toda la estela de “traquetos” que
le siguieron luego de su muerte, que aunque estuvieron ligados de alguna manera
a este deporte, tampoco es lógico afirmar que estas muertes tiene relación con
el fútbol. El narcotráfico lo que hizo fue desestabilizar la economía de los
equipos, situación que impactó en los aficionados para acrecentar más la
rivalidad entre aficionados.
Entonces, aunque el color de una ideología política o de una
escuadra de fútbol, ha estado unido a nuestra historia violenta, no es un
factor exclusivo para asesinar una persona. Sería ingenuo pensar que un verde
mate un rojo o un azul impulsado solo
por esta causa. El ambiente de crisis social que viven nuestras sociedades
modernas contribuye en gran medida a ser el caldo de cultivo entre los
muchachos que toman como excusa el fútbol para atacar a sus contrincantes.
Regionalismo
Este fenómeno de rivalidad entre las diferentes regiones del
país es de vieja data y obedece más a los aspectos culturales propios y con los
cuales nos fuimos distinguiendo internamente. Aunque el regionalismo es una
característica de todos los países que ha llevado, inclusive, a guerras intestinas
desangrando y acabando estas naciones, Colombia no es la excepción y en gran medida
este factor ha sido aprovechado por los fanáticos del fútbol para llenarse de
razones y así odiar aún más a los aficionados del equipo rival.
En ese sentido, la mezcla del regionalismo, del equipo contrario
y del color de la camiseta, crean una especie de ser único contra quien
descargar toda su ira.
Como vemos, no se trata de hechos aislados de muchachos que
por casualidad se enfrentan en riñas callejeras por divergencia futbolísticas.
Es un problema que nos involucra a todos como sociedad, que tiene en cuenta a
nuestra historia de violencia política y a nuestras raíces culturales y la solución
debe partir desde también desde estas mismas causas.
Por supuesto que el fútbol está ligado a la violencia, y por
supuesto que estos muertos se le atribuyen directamente a esta pasión desenfrenada,
pero no es el único culpable. Este problema debe tratarse en conjunto teniendo
en cuenta estas variables que desestabilizan nuestro país.
Cerrar estadios o aplazar partidos pueden ser paliativos
para conjurar una crisis, pero no se podría entender como soluciones de fondo.

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