El Diario El País de España que publicó en la red y luego en
su edición impresa una foto de alguien parecido a Hugo Chávez cuando estaba
entubado recibiendo asistencia de ventilación
mecánica. De forma inmediata se dejaron sentir todo tipo de reacciones,
la mayoría, en contra por considerar la foto como grotesca, no por ser una
figura de gran connotación política, sino por tratarse de una persona enferma
en una sala de cirugía, escenario en el cual podemos vernos postrados
cualquiera de nosotros.
Apenas se registraba el asombro por la “chiva” mundial, empezó
a circular en la misma red los primeros anuncios de la falsedad de la
fotografía, los cuales, al pasar de los minutos se volvieron dramáticamente verdaderos.
¡La foto es falsa!, no era Chávez y después, el escándalo que todos conocemos.
El diario retiró la edición impresa con su enorme costo político y económico, aguantando
todas las críticas por su aparente falta de verificación y criterio
periodístico.
Luego siguieron de “tumbo en tumbo” y decidieron publicar
una crónica narrando todos los pormenores
de la compra del material fotográfico en donde lo único claro que se
revela es que todas las decisiones importantes de esta historia las tomaron
después de la impresión la fotografía.
En el relato, dicen que analizaron el origen del material y
sus implicaciones que tendría este al momento de estar en poder del público,
pero en ningún momento se consideró la posibilidad de la no publicación. En
este caso primó más el afán de la primicia o de tal vez no se sabe qué intereses
oscuros, porque para ser francos, una fotografía de ese estilo en la persona
del Rey de España, así fuera verdadera, no se publicaría o por lo menos no en
este diario.
El asunto es que el material fotográfico y de video tiene
unos códigos legales y de ética que por lo general los medios de
información los respetan, pero cuando
están por encima los intereses políticos, entonces ya no importa nada, ni ley,
ni ética, ni nada.
¿Qué querían mostrarnos con la foto, que Chávez estaba
entubado?, eso ya lo sabía todo el mundo, así que no era una in información nueva. Lo novedoso era verlo con un tubo en su garganta y en gran parte lo
lograron, así la foto fuera falsa, el público siempre va a recordar esta imagen
como cierta.
Al final queda la incertidumbre sobre si los periodistas
sabían de la falsedad o veracidad de la foto, ese asunto se situó en un segundo
plano, la decisión era publicar la foto y asunto terminado.
De todos modos, este tipo de decisiones pertenecen a la
potestad del director, no de mandos medios como pretenden minimizar la “metida
de pata”.

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