Después que el portal Semana.com revelara que el Ejército "chuzaba" las comunicaciones de los negociadores del Gobierno en La Habana, el
presidente Santos en compañía de su Ministro de defensa, no ha hecho otra cosa que evidenciar el desconocimiento de lo allí ocurría.
Primero relevaron del cargo a dos generales de inteligencia
de la institución si adelantar una investigación en la cual se ameritara dicho
castigo. Luego, ambos en escenarios
distintos salieron a defender, horas después dicha oficina, aduciendo que se
trata de una establecimiento legal de interceptaciones del Ejército al amparo de la ley de
inteligencia.
Ante este panorama queda la sensación que existe una división
en el ejército por cuenta del apoyo al proceso de paz y quienes aún recuerdan
las ideas de guerra del expresidente Uribe y que el ministro Pinzón no logra controlar, o por lo
menos una gran parte de los
uniformados no están con las directrices
del Gobierno.
Sin embargo desde la publicación de la primera información
que parecía, por decir los menos, increíble, se suma el hecho de revelar que los “chuzados” era los
negociadores y no las Farc, cosa que hubiera sido más lógica al provenir
de una entidad como el Ejército.
Hasta el momento no aparecen ni grabaciones, ni escuchas, ni
correos, cosa que por los menos habla
bien de las conversaciones de paz en La Habana. De loa contrario, ya nos
habríamos enterado de supuestas componendas y arreglos descubiertos por los hackers
del Ejército.
Seguramente no pasará nada con la historia de esta oficina
de Galerías, pero al final el que pierde
es el Gobierno del presidente Santos por encontrarse “fuera de base” con los
movimientos de la sus uniformados.
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